Quiero dejar el tabaco, pero nada, no puedo.
*Texto escrito hace cashá de rato
Quiero dejar el tabaco, pero nada, no puedo.
Y continúo
Como las velas de cumpleaños que no le hacen chiste a nadie. Como esas canciones que te las topas en todos lados. Como el reggaeton, el axé, y la mierda de música que en las discoteques de Melipilla tocan hasta aburrirse y que no me gusta bailar. Como la palabra intelectual, como las guaguas en los buses que por más que viaje en diferentes líneas y hacia distintos destinos me vuelven a aparecer en el asiento más próximo con su lamento y las odiosas costumbres de sus madres.
Como mi vieja manía de no dejar de hacer las odiosas cosas que hago, como las radios que colocan jingles sobre las únicas canciones que me gustan, como mi amiga que no deja de reírse de mi mala suerte en el amor, como lo atrasado que llego siempre al trabajo, como lo lento que va todo, mucho más lento de lo que quisiera.
Porfiado, como el pesado y lento tránsito de un tiempo que no sé quién lo hizo tan mal. Cómo parar un rato, ya no lo sé.
Así como esa tozudez de los acontecimientos me siento, por más que todo eso pase y también pase por sobre mí, inerte como esos perros que terminan desechos en el camino por una y otra rueda que les pasa por encima.
Como todo eso, hoy estoy porfiado. No como los cantantes de rojo que piensan que van a llegar a algún lado y lo siguen intentando, sino que porfiado de verdad, como la canción del dúo dinámico, "ese junco que se dobla pero siempre sigue en pié". Tengo ganas de hacerlo, aunque el mundo me pese, aunque esté a punto de los 25 y sí, parezca de 15.
Quiero dejar el tabaco, pero nada, no puedo.
Y continúo
Como las velas de cumpleaños que no le hacen chiste a nadie. Como esas canciones que te las topas en todos lados. Como el reggaeton, el axé, y la mierda de música que en las discoteques de Melipilla tocan hasta aburrirse y que no me gusta bailar. Como la palabra intelectual, como las guaguas en los buses que por más que viaje en diferentes líneas y hacia distintos destinos me vuelven a aparecer en el asiento más próximo con su lamento y las odiosas costumbres de sus madres.
Como mi vieja manía de no dejar de hacer las odiosas cosas que hago, como las radios que colocan jingles sobre las únicas canciones que me gustan, como mi amiga que no deja de reírse de mi mala suerte en el amor, como lo atrasado que llego siempre al trabajo, como lo lento que va todo, mucho más lento de lo que quisiera.
Porfiado, como el pesado y lento tránsito de un tiempo que no sé quién lo hizo tan mal. Cómo parar un rato, ya no lo sé.
Así como esa tozudez de los acontecimientos me siento, por más que todo eso pase y también pase por sobre mí, inerte como esos perros que terminan desechos en el camino por una y otra rueda que les pasa por encima.
Como todo eso, hoy estoy porfiado. No como los cantantes de rojo que piensan que van a llegar a algún lado y lo siguen intentando, sino que porfiado de verdad, como la canción del dúo dinámico, "ese junco que se dobla pero siempre sigue en pié". Tengo ganas de hacerlo, aunque el mundo me pese, aunque esté a punto de los 25 y sí, parezca de 15.


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